Extremadura y Puigdemont agitan el tablero electoral: adelanto y ¿moción de censura?.
Junts amenaza con pulsar el botón rojo, mientras la ruptura de PP y Vox aboca a Guardiola y a Aragón a convocar elecciones, sin perder de vista Andalucía.
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El expresidente de la Generalitat de Catalunya Carles Puigdemont en Barcelona.
“Es la hora del cambio”. Estas fueron las palabras escogidas por Miriam Nogueras para poner voz a la enésima pataleta de Junts per Catalunya. La legislatura camina por un alambre muy fino.
De nuevo, Carles Puigdemont pone en jaque las relaciones de su partido con el PSOE y emplaza a su cúpula a tomar una determinación este próximo lunes, en un encuentro en Perpignan (Francia), donde se dirimirán sus próximos movimientos.
El ciclo electoral podría saltar por los aires, no sólo por el órdago de los independentistas, sino porque, mientras tanto, las autonomías del Partido Popular se revuelven contra Vox.
Extremadura, encabezada por la conservadora María Guardiola, está a punto de accionar el botón del adelanto.
Una acción que podría tener un efecto contagio a otros feudos populares como Aragón, donde sopesan ya seguir el camino que inició Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León este pasado mes de septiembre.
Las placas tectónicas del ciclo electoral se mueven, a expensas de lo que ocurra en Andalucía, donde la irreductible mayoría de Juanma Moreno Bonilla ya no es tal.
Hay partido en el sur y todo está a una caída de una ficha en el tablero para precipitar lo que hace unos meses apenas se vislumbraba en el horizonte.
El tablero político ha cambiado por completo en cuestión de 48 horas y no se cierra la puerta a que éste vaya a mayores.
Adelanto es la palabra de moda en la política española. Al menos así ocurre en la derecha.
Castilla y León fue la primera en quebrar el calendario fijando sus comicios para el próximo mes de marzo.
Por aquel entonces, un Juanma Moreno con la credibilidad y el predicamento por las nubes escondía la bolita y jugaba al despiste con la oposición.
El presidente de la Junta de Andalucía no cerraba la puerta a aplicar la fórmula del barón castellano y leonés, pero la crisis de los cribados ha mermado la figura del malagueño, que ahora observará cómo Génova ha dado su bendición a María Guardiola para convocar elecciones anticipadas en Extremadura.
Fiesta a la que se suma también Jorge Azcón, desde cuyo entorno – y la dirección nacional del partido – deslizan una estrategia parecida si – como sugieren todas las señales – Vox replica la estrategia de sus representantes extremeños en Aragón.
Estrategia de desgaste.
Efecto contagio en las autonomías del Partido Popular, a excepción de la Comunitat Valenciana, en la que Carlos Mazón se atornilla al trono del Consell pese a las cada vez más palpables lagunas en su gestión con la DANA que segó la vida de 229 personas el 29 de octubre de 2024.
Por el momento, tan sólo María Guardiola ha escenificado públicamente sus intenciones de adelantar elecciones después de que sus otrora socios de gobierno tumbasen el proyecto presupuestario.
Otro intento fallido de la baronesa extremeña que ha supuesto el punto y final a un capítulo de incertidumbre en la Junta y constataba el runrún en la región de que el calendario electoral – como en Castilla y León – no se cumpliría.
A partir de ahí, tan sólo queda que la presidenta conservadora fije la fecha de la contienda.
Lo que se espera que también ocurra con brevedad en Aragón, otra de las autonomías bajo el dominio azul del PP.
Jorge Azcón sucumbirá a la estrategia de desgaste diseñada por Santiago Abascal.
Vox está en auge y quiere mermar las opciones de sus antiguos socios para seguir en tendencia ascendente tanto en clave autonómica como nacional.
Su ‘no’ a las cuentas públicas motivará una respuesta del presidente aragonés, que por el momento se resiste a seguir los pasos de Guardiola.
Sin embargo, ese rechazo a sus presupuestos serviría de acicate para pulsar el botón del adelanto; movimiento que cuenta con el respaldo de Génova, cuyo plan general pasa por mermar a Pedro Sánchez a base de escalonar elecciones autonómicas.
Esa estrategia del PP conduce a otro punto de la geografía española y a un callejón sin salida al mismo tiempo. Andalucía, la joya de la corona de los conservadores en los últimos ciclos electorales estaba prácticamente garantizada.
Moreno Bonilla contaba hasta hace un mes con un considerable respaldo, a pesar de dejarse por el camino algunos puntos de aquella mayoría absoluta histórica conquistada en 2022.
Pero el tablero sureño ha dado un giro de 180 grados. La crisis de los cribados ha arrinconado al barón andaluz.
Bebió del manual de estilo del Madrid de Isabel Díaz Ayuso y de la Comunitat Valenciana de Carlos Mazón, poniéndole al mismo tiempo bajo la presión de una espada de Damocles que en cualquier momento cae sobre su cuello.
En el PSOE-A, de hecho, ven más cerca que nunca un cambio de ciclo en San Telmo y hacia ello caminan a lomos del caballo de María Jesús Montero.
Mejora notable en las encuestas que aprisiona a Bonilla, que ahora sí que ha cerrado a cal y canto la posibilidad de adelanto.
Waterloo amenaza a Moncloa.
Mientras el juego autonómico transcurre por el camino del adelanto electoral, en el escenario principal, Madrid, se ha desatado el estado de caos.
De nuevo desde Waterloo, Carles Puigdemont ha ordenado el jaque contra el Gobierno de Pedro Sánchez.
En una nueva entrega de las endiablas relaciones entre Junts y el Partido Socialista, los independentistas amagan con volar por los aires los dos años de legislatura que restan.
El expresident de la Generalitat ha convocado una reunión con la dirección de su partido.
Un cónclave en el que se debatirá el futuro de las “dañadas” relaciones con los socialistas y la posibilidad de someterla a una consulta entre sus bases.
Pero bajo ningún concepto se han descartado otras posibilidades e incluso el líder neoconvergente ha quitado las telarañas al teléfono azul que conecta con la calle Génova.
Así lo sugería la portavoz de los juntaires en el Congreso de los Diputados, Miriam Nogueras, esta misma semana.
“Quizá habría que empezar a hablar de la hora del cambio”, sentenció este miércoles en la Carrera de San Jerónimo.
Una amenaza que podría interpretarse como una vuelta a los años del pacto del Majestic. O lo que es lo mismo, el desenfriamiento de las relaciones con un Partido Popular que hasta hace escasas fechas era enemigo público número uno del independentismo catalán.
En cualquier caso, la pataleta de los neoconvergentes nace del último encuentro con el PSOE en Suiza, celebrado este pasado lunes, donde plantearon ante el interlocutor socialista, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, su malestar por lo ocurrido en el Debate de Política General del Parlament de Catalunya.
Y es que el PSC de Salvador Illa rechazó votar una propuesta de resolución de los soberanistas, que planteaban un nuevo referéndum como salida para solventar el conflicto político catalán.
Los de Puigdemont esperaban que, como mínimo, los socialistas se abstuvieran.
Ello provocó un enfado que amaga con acabar en divorcio. Según fuentes del partido que cita El Confidencial, la cúpula de Junts tiene como intención plantear la ruptura total e inminente con el Gobierno y el PSOE, lo que pondría patas arriba la legislatura e incluso podría conducirla al bloqueo permanente, a tenor de la endiablada arquitectura parlamentaria.
Lo más probable es que, como primer paso, se envíe un ultimátum a Ferraz y Moncloa para que Pedro Sánchez reconduzca la situación.
El propio presidente del Gobierno intentaba calmar las aguas entre sus colegas juntaires este mismo jueves, abriéndose a concertar una reunión personal con Puigdemont, pero “cuando toque”, y al mismo tiempo advirtiendo a los neoconvergentes de que el “cambio” no puede conllevar décadas de retroceso.
Mensaje que alude a los coqueteos recientes con un Partido Popular que se frota las manos desde la distancia.
Y es que sobre la mesa no sólo está la ruptura con el PSOE, sino la reconstrucción de puentes con un PP que cambiaría por completo las mayorías en la Carrera de San Jerónimo hasta el punto de regalar al líder de la oposición una mayoría absoluta para presentar – y ganar – una moción de censura contra Sánchez.
No obstante, y a pesar del enfado morrocotudo entre las filas neoconvergentes, el escenario más probable pasa por un plebiscito interno para consultar a sus bases la viabilidad de las relaciones con un Partido Socialista al que acusan hasta la saciedad de “no cumplir” con los pactos de Bruselas, a pesar de que este mismo viernes Moncloa anunciara un acuerdo con Alemania para trabajar en pos de la oficialidad del gallego, catalán y euskera en la Unión Europea; reivindicación histórica de Junts y compromiso adquirido por el presidente para su investidura. ¿Gesto de reconciliación? Habrá que esperar hasta el lunes para salir de dudas.
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