Condenado por plagio: el caso secreto que persigue a Arturo Pérez-Reverte desde hace 10 años.
El escritor y académico de la RAE fue condenado a pagar 200.000 euros junto al director Manuel Palacios por el guion de la película ‘Gitano’ (2000).

Arturo Pérez Reverte y su caso de plagio.
El nombre de Arturo Pérez-Reverte ha estado ligado durante años al éxito literario, a la polémica y también -aunque menos recordado- a un caso judicial que le persiguió durante una década: su condena por plagio por el guion de la película Gitano.
El fallo, dictado en 2011 por la Audiencia Provincial de Madrid, le obligó a pagar 200.000 euros de indemnización junto al cineasta Manuel Palacios, con quien coescribió el libreto de la película protagonizado por Joaquín Cortés y Laetitia Casta.
¿El motivo? Haber tomado como base el guion Corazones de púrpura, escrito en 1996 por el director Antonio González-Vigil, quien denunció que la película era una copia encubierta de su obra.
Todo comenzó en 1996, cuando González-Vigil, autor y guionista de cine, registró su proyecto Corazones de púrpura.
El texto narraba la historia de un bailaor gitano injustamente condenado que, al salir de la cárcel, intenta rehacer su vida entre corrupción policial, droga, amor y traición.
Años después, el cineasta se llevó una sorpresa al ver en cartelera Gitano (2000), una película con idéntico argumento: un artista caló que sale de prisión, un amor imposible, policías corruptos y venganzas a ritmo de flamenco.
El libreto aparecía firmado por Arturo Pérez-Reverte y Manuel Palacios, y ahí comenzó la batalla legal.
En 2003, González-Vigil presentó una demanda por plagio contra ambos, alegando que su obra había sido utilizada sin permiso tras circular por las mismas productoras que años antes habían leído su guion.
Diez años de juicios, tres sentencias y un giro final.
El caso fue largo y enrevesado. En 2004, el Juzgado de Instrucción número 29 de Madrid archivó la causa penal al considerar que la película “solo reflejaba tópicos del mundo gitano” -música flamenca, drogas, venganza, marginación- y que no había plagio alguno.
Cuatro años después, en 2008, el Juzgado de lo Mercantil número 5 volvió a absolver a Pérez-Reverte y a Palacios.
Parecía el fin del asunto, pero el demandante no se rindió.
En 2011, la Audiencia Provincial de Madrid revisó el caso y dio un giro radical: estimó parcialmente el recurso del demandante y concluyó que sí había “indicios significativos de plagio”.
La sentencia señaló que las coincidencias entre los dos guiones iban más allá de los tópicos culturales y afectaban a la estructura, desarrollo y personajes principales.
El tribunal consideró probado que los acusados habían tenido acceso previo al guion original y que las similitudes eran “demasiado sustanciales para ser casuales”.
La consecuencia: una indemnización de 200.000 euros para González-Vigil.
La respuesta de Pérez-Reverte: “Una emboscada judicial”.
Fiel a su estilo directo, el autor de El Club Dumas y La reina del sur reaccionó con dureza.
Emitió un comunicado donde calificó la sentencia de “emboscada” y “maniobra de chantaje”, asegurando que el fallo ignoraba “dos sentencias penales firmes y una mercantil” que le habían absuelto antes.
Decir que hay plagio porque en un guion aparecen gitanos, droga, música flamenca y venganzas es como decir que en una película del Oeste hay plagio porque salen sheriff, bandidos e indios.
El escritor defendió que Gitano se inspiraba en los arquetipos universales del cine negro y del melodrama, y anunció que estudiaría recurrir ante el Tribunal Supremo.
Aunque la apelación se contempló, el resultado final no modificó la condena civil ni el pago de la multa, que quedó firme.
Qué contaban Corazones de púrpura y Gitano.
Ambas historias comparten el mismo esqueleto: un hombre gitano, artista del flamenco, condenado injustamente por un delito que no cometió.
Al salir de la cárcel, se enfrenta a un entorno marcado por la traición, la corrupción policial y el deseo de venganza.
En la versión de González-Vigil, el protagonista busca redención a través de la música; en la película de Pérez-Reverte y Palacios, la historia deriva hacia el thriller romántico con tintes de tragedia.
Para los jueces, las diferencias eran de superficie, pero la estructura narrativa, los personajes y los giros argumentales eran prácticamente idénticos.
El coste: dinero, imagen y reputación.
La condena fue un golpe para la reputación del escritor, que por entonces ya era académico de la RAE y uno de los autores más traducidos del mundo hispano.
La noticia ocupó portadas y generó debate sobre los límites de la inspiración.
El propio González-Vigil, veterano guionista de títulos como Sé infiel y no mires con quién, publicó una carta pública dirigida a Pérez-Reverte en la que le espetaba:
Ser ‘Pérez de España’ no exime de cumplir la ley.
Aunque el caso no afectó su carrera editorial -Pérez-Reverte siguió publicando con éxito y conservó su sillón académico, el episodio de Gitano quedó como una mancha histórica en su trayectoria.
Más de una década después, el asunto sigue citado en universidades, seminarios de derecho y periodismo cultural como uno de los pocos casos de plagio con condena firme contra un autor de renombre.
Para el mundo jurídico, la sentencia marcó un precedente: dejó claro que los “tópicos culturales” no protegen del plagio si se copian estructuras, personajes o secuencias reconocibles.
Para la industria del cine y la literatura, fue una advertencia: la inspiración tiene límites, incluso cuando viene firmada por un escritor consagrado.
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