Benjamín Prado señala quién ha “matado públicamente” de verdad al novio de Ayuso, y no es ‘MAR’.
El programa de este martes de ‘Más Vale Tarde’ analizó la declaración de González Amador ante el Tribunal Supremo.

El caso de Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso, ha vuelto a situarse en el epicentro de la actualidad judicial y mediática española.
Su declaración ante el Tribunal Supremo, donde compareció como querellante en la causa por la presunta revelación de secretos atribuida al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, ha desencadenado una ola de reacciones que atraviesa los límites de la política y alcanza de lleno a los medios de comunicación.
Pero fue la intervención de Benjamín Prado, escritor y colaborador del programa Más Vale Tarde (La Sexta), la que terminó por encender el verdadero debate.
Con la serenidad de quien lanza una verdad incómoda, Prado afirmó en directo que “a González Amador no lo mató el fiscal general, sino su propio entorno”.
Según el escritor, el verdadero responsable de su “muerte pública” no fue otro que Miguel Ángel Rodríguez (MAR), jefe de gabinete de Ayuso y uno de los estrategas comunicativos más influyentes del entorno de la presidenta madrileña.
“Le ha matado fuego amigo”, sentenció Prado, provocando un silencio momentáneo en el plató y un efecto dominó en el ámbito político.
Su comentario no fue una simple observación mediática, sino una acusación directa al corazón del poder autonómico madrileño.
En su opinión, el escándalo que salpicó a González Amador no fue fruto de una filtración casual, sino de un error —o tal vez una maniobra— que nació en las propias filas del equipo de Ayuso.
En palabras de Prado, el bulo difundido desde el entorno de la presidenta, en el que se acusaba a la Fiscalía de haber vulnerado el secreto de un correo electrónico privado, fue el verdadero detonante de una tormenta que acabó destruyendo la imagen pública de González Amador.
Mientras tanto, en la sede judicial, la tensión era palpable. Durante su declaración ante el magistrado Ángel Hurtado, González Amador aseguró que el fiscal general le había “destrozado la vida”, alegando que la filtración del correo de su defensa —en el que reconocía la comisión de un doble fraude fiscal— lo había convertido en “el delincuente confeso del reino de España”.
“Entre la nota de la Fiscalía y la publicación del email, pasé a ser el delincuente confeso del reino. Estaba muerto”, dijo con la voz quebrada.
Sus palabras culminaron en una frase estremecedora: “O me voy de España o me suicido.” La declaración dejó helada a la sala, y el propio presidente del tribunal le respondió con frialdad que “no le recomendaba ninguna de las dos cosas”.
Ese intercambio, grabado por las cámaras y analizado posteriormente por distintos programas, evidenció el grado de desgaste emocional y mediático que ha sufrido el empresario desde que estalló el caso.
Sin embargo, la lectura de Prado fue diferente. Para él, González Amador no es víctima del sistema judicial, sino del fuego cruzado de quienes intentaron blindar políticamente a Ayuso.
“Se ha usado su nombre, su relación y su situación fiscal como escudo político”, afirmó el escritor, subrayando que el verdadero error fue convertir un asunto privado en una batalla institucional.
El comentario de Prado no solo reavivó las sospechas sobre la gestión comunicativa de la crisis, sino que abrió un debate sobre los límites del poder dentro del entorno de la presidenta madrileña.
Su frase “no fue MAR” resonó con fuerza, porque implicaba que la estrategia de defensa se habría transformado en un acto de autodestrucción.
En su análisis, el escritor sugería que los intentos por desacreditar al fiscal general terminaron exponiendo aún más al propio González Amador, convirtiéndolo en el epicentro del escándalo.
Mientras tanto, la figura de Ayuso permanece en un delicado equilibrio entre el apoyo de su partido y el escrutinio público.
Su silencio desde la comparecencia de su pareja ante el Supremo ha sido interpretado por muchos como una estrategia de contención, pero también como una muestra de la fragilidad interna del poder que la rodea.
Cada palabra, cada gesto y cada decisión de su equipo de comunicación es ahora analizada con lupa, en un contexto donde las tensiones entre la Comunidad de Madrid y la Fiscalía General del Estado no dejan de crecer.
El episodio ha vuelto a poner sobre la mesa la delgada línea que separa la justicia de la política, y la pregunta sobre hasta qué punto los escándalos personales pueden influir en el ejercicio institucional.
González Amador, que insiste en su inocencia y en haber sido objeto de una “persecución mediática”, defendió que su único error fue “querer resolver todo rápido y sin ruido”, una frase que según algunos analistas resume la filosofía de gestión de crisis en el entorno de Ayuso.
Pero lo que parecía una defensa prudente se transformó en una confesión involuntaria. Al reconocer su deseo de “acabar con todo sin ruido”, González Amador no solo admitía la intención de minimizar el impacto judicial, sino también el interés político en proteger la imagen de la presidenta.
Un intento que, como apuntó Prado, terminó volviéndose en su contra.
La intervención del escritor ha sido interpretada por parte de la opinión pública como un acto de valentía periodística, al señalar un problema estructural dentro del poder madrileño: la falta de responsabilidad interna y la tendencia a culpar a factores externos por errores propios.
Su frase final en el programa de La Sexta lo resumió todo: “No es cuestión de enemigos políticos; es cuestión de quién dispara desde dentro.”
En medio de esta tormenta, la repercusión mediática no cesa. Las redes sociales se han llenado de mensajes que oscilan entre la indignación, la ironía y el desconcierto.
Mientras unos acusan a Prado de “aprovecharse del momento” para ganar notoriedad, otros lo celebran como una voz que se atreve a decir lo que muchos piensan y pocos se atreven a pronunciar.
El futuro de González Amador y su relación con Ayuso continúa siendo incierto.
Pero una cosa es clara: lo que comenzó como una causa judicial por revelación de secretos ha derivado en una guerra de relatos dentro del propio poder madrileño, donde la lealtad, la estrategia y la verdad se mezclan en un juego de equilibrios cada vez más inestable.
Y, como advirtió Prado en su intervención, “lo más peligroso no es el enemigo que te ataca, sino el aliado que te traiciona”.
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