Crece el temor en el PP en el peor momento de Feijóo, mientras Vox rompe su techo electoral.
La ultraderecha y el PSOE sigue al alza en las encuestas, mientras que la papeleta conservadora registra sus peores datos.

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, durante una rueda de prensa.
El Partido Popular se encuentra en una encrucijada tamaña. Las últimas encuestas han desvelado una nueva realidad que preocupa en Génova: los de Feijóo están perdiendo la hegemonía del voto en la que estaban enrocados en pro de los socialistas y de la extrema derecha.
Dirigentes ‘populares’ se atreven incluso a hacer una fuerte aseveración: “Vox está rompiendo su techo“.
En Galicia o Madrid, territorios en los que el PP ha dominado con puño de hierro hasta donde llega la memoria, los ‘populares’ han detectado grietas en sus columnas y crecidas de la ultraderecha, con hasta un 20% de intención de voto para unas hipotéticas elecciones generales, más de 3 puntos porcentuales que lo vaticinado por recientes sondeos como el de 40dB para El País, que sitúan a los de Abascal en torno al 16,7%, mientras que el propio PP cae a su dato más bajo en tiempo, un 30,5%.
Los socialistas también recortan terreno a la primera fuerza, llegando hasta el 29,4%, seísmos que podrían hacer que el panorama imperante hasta ahora empiece a desdibujarse.
Los últimos dos meses del Partido Popular han sido muy complicados, llenos de reveses para sus barones autonómicos.
Comunidad Valenciana, Castilla y León, Andalucía y Comunidad de Madrid se han encontrado, por un motivo u otro, más en el foco mediático de lo que le gustaría al líder ‘popular’, con las consiguientes consecuencias de credibilidad y de impacto en los sondeos más recientes, que anuncian un significativo acercamiento del PSOE a los ‘populares’ y una repentina crecida de la ultraderecha, que fagocita la caída del PP.
A la situación de los barones autonómicos, se suma la incapacidad que ha tenido hasta ahora Núñez Feijóo para aglutinar apoyos y credibilidad en torno a su figura.
El gallego se enfrenta a, probablemente, el desafío más importante desde que asumió el liderazgo del PP en 2022: contener a una extrema derecha con las revoluciones al máximo, mientras que el Gobierno de coalición no se amilana pese al sinfín de situaciones delicadas que han venido tanto en el plano nacional como el geopolítico.
El líder ‘popular’ se encuentra, ante este panorama, en tierra de nadie, y tiene la responsabilidad de reencontrar su lugar, a caballo entre la oposición al Ejecutivo y la diferenciación de una extrema derecha a la que el PP cada vez se parece más por sus virajes discursivos en ciertas cuestiones.
La mimetización con la extrema derecha… sin éxito.
Ante estas mareas, Feijóo ha entrado en modo ataque contra el partido que tiene a su derecha, que en ocasiones no tan lejanas en el tiempo ha sido su principal socio.
Pero la manera de hacerlo no ha sido rebatiendo el discurso ultraderechista y tomando distancia, sino imitándolo en algunas cuestiones como la inmigración y abriendo, con ello, un cisma en el partido entre la parte más moderada y el ala más dura que sí comulga con los postulados de Vox en materia migratoria.
Esta separación discursiva, a su vez, no ha tenido un reflejo positivo en los sondeos, ya que puede estar dando la sensación de que existen dos Partidos Populares con dos discursos distintos.
Y preguntarse cuál es el verdadero es una duda legítima.
El plan de inmigración presentado por el gallego esta semana es el último ejemplo de ese giro, en el que el líder del PP intenta morder del discurso de Vox, pero sin llegar a la radicalidad de los de Santiago Abascal.
“La nacionalidad española no se regala, se merece“, aseguró en Barcelona, donde desarrolló unas líneas que pusieron de manifiesto este endurecimiento discursivo, pidiendo elevar el nivel de exigencia del idioma (con un B2 de español), de los conocimientos socioculturales y la reducción de las ayudas para los recién llegados.
“Nunca defenderemos una política migratoria que convierta barrios enteros de nuestro país en lugares irreconocibles“, incidió también.
Por su parte, el sector duro del PP cree que Feijóo acierta con este discurso, pero que “parece que da igual lo que diga“, porque se aprecia igualmente como un discurso blando por el mero hecho de ser él quien lo ejecuta.
“Se le sigue asociando a un mensaje débil, sin contundencia. Y eso es preocupante, porque eso denota un problema de marca personal”, reflexiona un dirigente territorial del PP ante El País.
Entre las filas de la extrema derecha, por contra, creen que la táctica de ataque y mimetización de Feijóo no es eficiente y no funciona.
“Fallan porque la gente prefiere el original a la copia“, aseguran fuentes de Vox al citado medio.
Se compactan las encuestas.
Pese a las preocupaciones en el seno de Génova, siempre es conveniente relativizar.
Los ‘populares’ contraponen los roces a la situación real y valoran positivamente estar 15 puntos por encima de Vox y seguir por encima de los socialistas, aunque los sondeos son cada vez más compactos.
La encuesta de 40dB le da un 30,5% al PP, un 16,7% a Vox y un 29,4% al PSOE, que no ha perdido fuelle a pesar de las dificultades de la legislatura y de las polémicas ajenas a la política parlamentaria.
Paralelamente, el equipo de Feijóo valora que, por bloques, la derecha y la extrema derecha mantienen una amplia ventaja sobre la izquierda.
Aunque esto sea celebrado desde Génova, vuelve a traer la misma implicación de siempre: los ‘populares’ se tendrían que arrimar a la extrema derecha y hacerles concesiones si quieren llegar a La Moncloa.
Feijóo tiene una responsabilidad para el tercio final del año: encontrar una manera de frenar a Vox sin dejar de ser combativo con el Ejecutivo y desarrollar un discurso que le diferencie.
“Hay una corriente muy fuerte que lleva hacia el autoritarismo.
Para combatirla con eficacia haría falta un liderazgo de altura, un equipo competente y reformular la moderación desde otro lugar y con otro estilo.
El PP debería defender la moderación hoy, pero no sabe hacerlo a pesar de que hay una mayoría que la reclama”, reflexionan desde las filas del propio PP.
No obstante, algunos perfiles le dan algo más de manga ancha y reconocen que no todo depende de él: “En junio y julio parecía que el Gobierno colapsaba, pero no lo hizo. Que siga a flote vuelve a despertar ansiedad en el electorado de derechas”.
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