Arturo Valls se pronuncia sobre Carlos Mazón con una comparación que lo dice todo.
También ha opinado de Palestina.

El actor, humorista y presentador Arturo Valls ha vuelto a situarse en el centro del debate público tras conceder una entrevista al diario El Mundo con motivo del estreno de su nueva película, Pequeños calvarios.
Conocido por su sentido del humor y su estilo espontáneo, el valenciano ha dejado a un lado su faceta más cómica para pronunciarse con dureza sobre dos temas de enorme carga política y social: el conflicto en Palestina y la reciente dimisión de Carlos Mazón como presidente de la Generalitat Valenciana tras la gestión de la DANA y la tragedia humana que dejó tras de sí.
Aunque la entrevista se centraba inicialmente en su trabajo cinematográfico, Valls no ha rehuido ninguna pregunta.
De hecho, ha aprovechado el momento para lanzar un mensaje contundente sobre lo que considera una “crisis de humanidad” en la política actual.
“Hay cosas que no permiten estar callado”, afirmó el presentador, marcando una distancia clara con la neutralidad que suele caracterizar a muchos rostros mediáticos.
“Esto no es política, es humanidad. No entiendo cómo puede haber debate en algo tan desproporcionado, tan salvaje y tan obvio”, sentenció en referencia a la ofensiva israelí sobre Gaza.
Según el humorista, defender las acciones del gobierno israelí solo puede explicarse por “intereses ajenos a la moral y la dignidad”. Sus palabras no tardaron en hacerse virales, especialmente cuando añadió que “el 80% de los votantes de derechas en España están en contra del genocidio en Gaza, y aun así hay dirigentes del PP defendiendo a Israel”.
Una frase que resonó con fuerza en redes sociales y que evidenció su crítica hacia ciertos sectores políticos que, en su opinión, “han decidido posicionarse en contra de lo que piensan sus propios electores”.
Valls lamentó que “algunos políticos hayan convertido la empatía en un lujo” y señaló que lo ocurrido en Palestina trasciende cualquier ideología. “Esto va más allá de la política, es una cuestión de humanidad.
No se puede mirar hacia otro lado mientras se asesina a civiles, mientras se destruyen hospitales y escuelas”, reflexionó con un tono inusualmente grave para quien suele estar asociado al entretenimiento televisivo.
Pero su entrevista no se quedó ahí. El también presentador de programas como Ahora Caigo o Mask Singer aprovechó para opinar sobre un tema que le toca mucho más de cerca: la gestión de Carlos Mazón durante la DANA que afectó a la Comunitat Valenciana y que, según los informes oficiales, dejó 237 víctimas mortales.
Un año después del desastre y tras la dimisión del expresidente valenciano, Valls fue tajante: “Defender y justificar la actuación de Mazón es ser un terraplanista, un negacionista de lo obvio”.
Sus palabras reflejan el hartazgo de una parte de la ciudadanía valenciana que considera que la tragedia no fue solo consecuencia de un fenómeno meteorológico extremo, sino también de una falta de previsión institucional.
Valls, como muchos otros valencianos, se mostró indignado por el tiempo que Mazón tardó en asumir responsabilidades: “Había un presidente que no gestionó bien esto y costó vidas.
Punto. Habrá matices, pero eso es así, y no pasa nada por decirlo y asumir la responsabilidad”.
El presentador no dudó en poner el dedo en la llaga al cuestionar la tardanza del líder popular en abandonar el cargo: “¿No habría sido mejor dimitir desde el principio y reconocer los errores? Vivirías más tranquilo el resto de tu vida que siendo señalado por no estar a la altura”, afirmó con crudeza.
Esta reflexión ha sido interpretada por muchos como una llamada a la rendición de cuentas política, algo poco habitual en una clase dirigente acostumbrada a resistir ante la presión mediática.
La entrevista de Valls llega en un contexto especialmente sensible para el Partido Popular valenciano, que atraviesa una etapa de reconfiguración tras la salida de Mazón y el desgaste provocado por las polémicas en torno a su gestión.
La DANA, que inicialmente fue tratada por el gobierno autonómico como un episodio imprevisible, terminó por convertirse en un símbolo de la descoordinación institucional.
El lento proceso de ayudas a las familias afectadas y la falta de previsión en las infraestructuras críticas fueron elementos clave en el deterioro de la imagen del expresidente.
Valls, que siempre ha reivindicado su vínculo con su tierra, no ocultó su frustración ante lo ocurrido.
“Ser valenciano y ver lo que pasó te rompe por dentro. No hablo desde la política, hablo desde el sentido común.
Lo que pasó fue inaceptable”, declaró. Sus palabras, lejos de sonar como un ataque partidista, fueron percibidas como un grito de indignación cívica.
El artista también abordó la necesidad de que las figuras públicas se impliquen en debates sociales más allá del entretenimiento.
“A veces nos da miedo opinar porque enseguida te etiquetan, pero hay cosas que trascienden cualquier ideología.
No se trata de ser de izquierdas o de derechas, se trata de ser humano”, reflexionó.
Su posicionamiento fue interpretado por muchos como una defensa del compromiso social del arte y la cultura, un terreno que, según él, no puede mantenerse neutral ante la injusticia.
La entrevista ha generado una avalancha de reacciones tanto en redes sociales como en medios de comunicación.
Mientras algunos aplauden su valentía por pronunciarse sobre temas tan delicados, otros lo acusan de “politizar el dolor”.
Sin embargo, Valls parece tener claro su papel: “No soy político ni quiero serlo, pero no puedo callar cuando veo algo tan claro.
El silencio también es una forma de complicidad”.
Sus declaraciones sobre Mazón han tenido especial eco en la Comunitat Valenciana, donde la dimisión del expresidente todavía genera debate.
El legado de Mazón, marcado por las críticas a su gestión y su controvertido pacto político con Vox, continúa siendo objeto de escrutinio público.
En ese contexto, las palabras de Valls han reavivado un tema que muchos daban por cerrado, subrayando la necesidad de una rendición de cuentas más ética en la política autonómica.
Arturo Valls, con su mezcla de humor y sentido crítico, ha demostrado que la comedia también puede servir como vehículo de reflexión.
En una España cada vez más polarizada, su discurso se alza como una voz disonante que invita a recuperar la empatía y la responsabilidad colectiva.
Y, aunque muchos lo esperaban con un tono ligero, su entrevista ha dejado claro que hay momentos en los que reír no basta: “A veces hay que hablar en serio, sobre todo cuando el silencio se vuelve insoportable”.
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