Juan José Millás detalla una a una las traiciones de Juan Carlos I y señala cómo pasará a la historia.
El escritor ha retratado al emérito como símbolo de una España que confunde la compasión con el perdón.

Juan Carlos I está a punto de publicar sus memorias, un libro titulado Reconciliación en el que el rey emérito aborda sin rodeos los temas más significativos y polémicos de su vida.
Desde el nacimiento de sus hijos y su relación con la reina Sofía, hasta su abdicación, su relación con Corinna Larsen y su actual distanciamiento de España.
Todo ello ha sido abordado por Juan José Millás, que ha reflexionado cómo pasará a la historia el monarca por sus numerosas polémicas.
Concretamente, el tema ha sido analizado en el programa A Vivir, donde Javier del Pino y Juan José Millás han reflexionado sobre cómo será visto en el futuro el monarca.
Millás ha introducido una teoría que resume la ambigüedad de su figura: “Juan Carlos nos sirve muy bien.
A lo largo de la historia, todos los héroes han tenido que traicionar algo y muchos traidores han pasado a la historia como héroes.
Tú date cuenta de que Juan Carlos mata a su hermano. Pero no solo eso”.
El escritor ha recordado que el rey emérito “traiciona a su padre primero, para traicionar a Francisco Franco después”: “A su padre porque aceptó el poder de manos del hombre que había mantenido a la familia real en el exilio y al dictador por la apertura democrática de España”.
También traicionó “a la reina Sofía con sus múltiples amantes y a España entera por sus cobros irregulares”.
Aun así, se ha planteado la posibilidad de que pase a la historia como un héroe.
Héroe o traidor.
Millás ha subrayado que no se puede ignorar el tipo de emociones que el emérito despierta en ciertos sectores de la sociedad.
“He leído una entrevista este fin de semana de una mujer que viene de la nobleza en la que dice que el emérito lo que produce entre la gente de su clase es lástima.
Fíjate tú, que al pijerío no le gustaba nada la democracia que proponía el emérito, pero ahora le han convertido en una figura a arropar porque les da lástima”, ha señalado el escritor.
Una percepción que parece haber cobrado fuerza tras la publicación de varios fragmentos de Reconciliación, las memorias del rey Juan Carlos I.
En ellas, el monarca admite que su relación con Corinna Larsen fue un error: “Esa relación fue un error del que arrepiento amargamente. Puede parecer trivial, pero muchos hombres y mujeres han estado cegados hasta el punto de no ver la evidencia.
Esto tuvo un impacto perjudicial para mi reinado y mi vida familiar.
Sirvió para horadar la armonía y la estabilidad en los aspectos esenciales de mi existencia, hasta el punto de llevarme a la decisión de abandonar España”.
Esa mezcla entre arrepentimiento y autocrítica ha contribuido a suavizar, en parte, la percepción pública del emérito.
Según Millás, incluso entre quienes reconocen sus excesos o comportamientos reprobables, se impone un sentimiento de compasión: “La mujer reconoce en la entrevista que el emérito ha robado y que es un sinvergüenza y tal, pero que lo que no produce ningún tipo de irritación.
Que el sentimiento predominante entre la clase, digamos, rica y tal, es de lástima”.
Para el escritor, “el sentimiento predominante entre la clase rica es de lástima”, una paradoja que, según él, explica cómo alguien que “ha traicionado a todo el que ha podido y más” puede acabar siendo objeto de indulgencia por parte de buena parte de la sociedad.
El relato de un rey exiliado.
“No puedo evitar la emoción al pensar en determinados miembros de mi familia a quienes ya no importo y, sobre todo, en España, a la que tanto añoro”.
Con esta confesión arranca Reconciliación, escrita junto a la periodista francesa Laurence Debray.
El libro se estructura en tres partes como un “sándwich”, según el propio Juan Carlos.
Habla con ternura de la reina Sofía: “Su presencia a mi lado sigue siendo muy querida, pero sé que no quiere complicar el reinado de su hijo”. Sobre Felipe VI reconoce: “Comprendía que como Rey Felipe adoptara una postura pública firme, pero sufrí que como hijo se mostrara insensible”.
Uno de los capítulos más extensos está dedicado a su relación con Franco, a quien trata con “respeto e incluso cierto cariño”.
Recuerda que el dictador, antes de morir, le pidió “mantener la unidad de España” y añade que “Esa fue su última voluntad, no me pidió mantener el régimen ni los principios del Movimiento. Me concedía libertad para actuar, y así lo hice”.
El monarca reivindica su papel en la Transición y la influencia de Torcuato Fernández-Miranda.
Evoca una anécdota: “Mientras iba vistiéndome, trataba de ponerme los calcetines sin soltar el teléfono, el profesor Fernández Miranda me tranquilizó por tener que jurar fidelidad a los principios del Movimiento al decirme ‘usted puede ir de la ley a la ley pasando por la ley’”.
También ha hecho referencia al golpe del 23-F, sobre el que recuerda: “Sigo teniendo preguntas y dudas sobre la forma en que se desarrollaron los acontecimientos y el papel de algunos.
Lo único que sé con certeza es que algunos militares utilizaron sus armas para burlarse de la joven democracia española. Mi obra, y yo no podía tolerarlo”.
El emérito evita entrar a fondo en sus polémicas financieras, pero admite sus errores personales.
“Esa relación fue un error que lamento amargamente”, confiesa sobre Corinna Larsen.
También dedica unas líneas a Letizia: “La entrada de Letizia en la familia no ayudó a la cohesión de nuestras relaciones.
Le abrí mi despacho, pero nunca vino”. Aun así, valora “la buena educación que ha dado a sus hijas”.
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