Trump y España, año I: historia de un olvido que pasó a empecinamiento ‘nato’.
Desde que volvió a la Casa Blanca, la afilada retórica de Donald Trump ha utilizado a España como un enemigo íntimo por la pelea del PIB en la OTAN, mientras hace el vacío al Gobierno de Pedro Sánchez… e incluso se ‘olvida’ del rey.

Recién instalado en la Casa Blanca, Donald Trump se acordó de España. Para mal y, encima, con un suspenso en geografía.
En el día 1 de su nuevo mandato, confundió a España con un país BRICS —suponemos que por la ‘S’ que corresponde a Sudáfrica— y ya avisó: el gasto en Defensa es “bajo o muy bajo”.
Sería el mantra de una relación que, cumplido este 5 de noviembre de 2025 un año desde su victoria electoral, oscila entre el olvido institucional y un obcecamiento ‘nato’ para exigir que paguemos más como miembro de la OTAN.
Un frío 21 de enero, resonó aquella reflexión suya cuando le preguntaron por la aportación española a la OTAN: “España es una nación BRICS.
¿Sabes qué es una nación BRICS? Lo descubrirás. Si los países BRICS quieren hacer eso, está bien, pero impondremos al menos aranceles del 100% a los negocios que hagan con Estados Unidos”.
Un combo absolutamente trumpista: gazapo, amenaza y palabras clave como aranceles.
Pasó el ruido para darle paso a ruidos mayores en múltiples áreas. Y pasó el tiempo sin noticias de España en EEUU.
Porque en el desfile de líderes internacionales y personalidades por la Casa Blanca, aún no ha habido oportunidad para Pedro Sánchez.
Los puentes Washington-Madrid no están rotos, pero sí despoblados de tráfico.
Apenas unos contactos de medio nivel, entre ministros, acercaron la relación en plenas negociaciones arancelarias entre la UE y EEUU, con Carlos Cuerpo a la cabeza.
También ha tenido su protagonismo José Manuel Albares, titular de Exteriores, cara a cara con su homólogo.
Más allá el vacío, salvo algún encuentro en eventos globales. Por medio se cuela, incluso, el ‘olvido’ de la Casa Blanca, que archivó durante cuatro días la fotografía oficial del saludo entre Trump y Felipe VI durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York a finales de septiembre. Sería un despiste, claro.
En este tiempo, Donald Trump y Pedro Sánchez sí han coincidido y compartido escena en dos grandes foros.
En la polémica cumbre de la OTAN de La Haya en junio, origen de la gran trifulca diplomática.
Allí, tras conocer de primera mano que España no pagaría el 5% del PIB en materia militar amenazó con sanciones por ser “una situación terriblemente injusta que no voy a permitir”.
“Lo que vamos a hacer es negociar un acuerdo comercial con España y hacer que paguen el doble”.
Es más, insistìa en la rueda de prensa que “lo voy a negociar yo directamente y van a pagar más dinero, así que ya puede decirle a España que se va a unir al grupo de los que pagan el 5%“, respondía a un colega español.
Eso sí, después de decirle que el nuestro es un país “fantástico” y que conoce “a mucha gente” allí. El Gobierno salió al paso, negando a Trump la capacidad de sancionarnos con nada (directamente). Pero el germen del conflicto quedó en el aire.
El segundo momento entre Trump y Sánchez es mucho más cercano en el tiempo.
El lunes 13 de octubre ambos se vieron en la cumbre por la paz en Gaza, organizada en Egipto a mayor gloria del líder estadounidense.
Allí hubo apretón de manos —’pelea’ de comunicación no verbal incluida— y hasta un aparentemente amable intercambio de palabras. Pura fachada.
Trump no tardó más que unos minutos en volver a tirarle un dardo a Pedro Sánchez y al Gobierno actual por ‘lo del PIB’.
Es la piedra angular de Donald Trump en su relación reciente con España y lleva semanas recordándolo en cada cita que puede.
Con una ocurrencia cada vez más resonante… y eso es mucho decir en alguien con el ingenio de Donald Trump.
La cumbre de Egipto tuvo lugar el 13 de octubre, repetimos, el lunes posterior a la ‘bomba’ que Trump lanzó desde el Despacho Oval el viernes 10. Allí dejó claro su deseo: “Francamente, quizá deberían expulsarlos de la OTAN“.
En presencia del líder finlandés, país recién llegado a la alianza atlántica, no dudó en calificar a España como “país rezagado” en el pago del 5% del PIB a fines militares, algo ante lo que “no tiene excusa”.
El Gobierno reaccionó pronto, quitándole hierro al asunto. Quizás para no agrandar la herida ante el inminente encuentro en Egipto.
Pero allí mismo y delante de medio mundo, Trump siguió con su retórica. Durante su discurso fue país por país dando una pincelada.
A España le dedicó, mirando al resto de aliados OTAN un “supongo que estáis trabajando aquí sobre el PIB… Ya llegaremos a eso, pero estáis haciendo un gran trabajo”. Burlón, retador y solo a veces un tanto críptico.
El lunes pasó, y llegó el martes. De vuelta a Washington, el magnate republicano añadía más leña, esta vez nada irónico.
Preguntado por el ‘caso de España’, añadió estar muy ofendido por la “falta de respeto grandísima“, en referencia a la negativa del Gobierno al 5% del PIB firmado por todos en La Haya.
Lo bueno de Trump es que su retórica facilita mucho el trabajo de hemeroteca. En su tercera oleada consecutiva contra España volvió a la amenaza arancelaria posterior a la cumbre de la OTAN.
Ya en EEUU, insistía en que nuestro país “debería ser castigados” a través de “sanciones comerciales”, aunque fuese indirectamente y vía Unión Europea… porque su empeño de sancionar individualmente a España no es posible como tal.
“España recibe protección y van a recibirla en el marco de la OTAN, pero lo que ha hecho es muy malo para la OTAN y a pesar de que se niegan a aumentar la inversión recibirán protección”, proseguía ante la prensa, de nuevo con un tono retador.
“No importa si dijeras que no vas a protegerlos, porque ya están muy protegidos. ¿Qué vas a hacer, pasar por los otros países y atacar a España?“.
Una semana más tarde, ya a finales de octubre, caía un nuevo reproche, el cuarto casi sin solución de continuidad.
Esta vez, todo hay que decirlo, más suave. Porque España “no juega en equipo” dentro de la OTAN.
Más llamativo resultó que estas palabras las pronunciara en una comparecencia con el secretario general de la alianza, Mark Rutte, a quien espetó “vas a tener que hablar con España”.
El que sabemos que lo hará, más pronto que tarde, será él mismo.

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